viernes, 27 de mayo de 2011
Otro más por favor
El 1 de enero de 1996 me encuentra acá sentado en este bar, apoyado sobre la barra, bebiendo ya sin sed. Si sumo todos los números de la fecha que acabo de recitar voy a obtener tu edad dentro de dos años.
Jefe, la cuenta por favor. No. Prefiero seguir bebiendo. El amor con controles de alcoholemia no me la pone dura, dijo alguien por ahí. Mejor le hago caso.
Acaba de entrar Mrs Robinson ventilando sus enaguas y yo acá pensando. La veo de reojo.
Si sumo todos los números del 2 de enero de 1996 voy a obtener tu edad dentro de tres años.
-II-
Mrs Robinson pasó a mi lado y su perfume terminó de embriagarme. La veo de reojo esta vez con el otro ojo.
Me bajé del taburete y encaré –tambaleándome y como podía– para el servicio. Un mingitorio estaba vacío y en el de al lado meaba un lobo. Después de dos sacudidas –más de tres es paja– el lobo se fue. Yo lo saludé: “chau lobo feroz” y me dijo: “chau hombre araña”.
-III-
Volví a la barra y mi vaso estaba tal cual lo había dejado. Una borra verde, espesa pero medio transparente se había formado en el fondo del vaso. ¿Esto estaba bebiendo yo?
Levanté el vaso y miré a través de él: “todo está verde”, pensé. Y vos no estás ni verde, ni madura y tampoco estás acá, como me habías prometido que ibas a estar. Hoy voy a dejar mi disfraz colgado en otro perchero. Ahí vuelve Mrs Robinson.
Si sumo todos los números del 3 de enero de 1996 voy a obtener tu edad dentro de cuatro años.
Jefe, póngame otro más, por favor.
martes, 24 de mayo de 2011
vaivén (o canción de cuna)
-que ni rosa, ni celeste-
me esperaba antes de llegar
Una muñeca de trapo confidente de secretos de mazapán
Y una perrita en blanco y negro, compañera de aventuras invisibles
Un coro de curvas que danza en los oídos,
una triste historia de cigüeña
y varias lágrimas en su honor.
Un jacarandá y una vaca, clavados al sol
Hormigas valientes enfrentan a un despótico pie
Dibujos, garabatos de letras, tiemblan en la sien
Un monigote de arena, un gato de humo y una nena de carbón,
escondidos entre hojas, habitan y susurran sus melodías
desde un baulcito que acuno en las noches
Y sueño con colmillos de luna y espadas de viento
Clavando, cortando, separando, el cielo del mar
Mientras me mece el acompasado cabalgar de un caballo en vaivén,
compañero de madera (cortos años, largas historias –para armar-)
Y vuelven los extraterrestres de hojalata a golpear mi puerta de papel,
-que no estoy, que quizás, que ya fueron, que ya lo viví,
que se vuelva de donde vino o que se quede conmigo-
No quieren oxidarse ni que su agudo filo deje de asombrar a los espejos
(Por eso golpean con insistencia frente a la puerta de papel)
El vaivén, el cosquilleo del vértigo (que tan fácil era conseguir!),
aferrarse fuerte a sus orejitas
y dejarse llevar,
por los caminos de mil colores
que el caballito de madera
quisiera transitar
ahora te veo,
allá en el estante,
arriba,
descansando de tanto ajetreo,
y te pido
me traigas
aquellos sueños con colmillos de luna y espadas de viento
que clavan, cortan, separan, el cielo del mar
Para enfrentar las olas del desengaño
que llovieron, llueven y quedan por llover.
Cinéfilo
lunes, 23 de mayo de 2011
Alpiste, perdiste ®
…basta sólo respirar para darnos cuenta que los miedos están en cualquier lugar. Específicos, inespecíficos, generalizados o no, los miedos están.
Mi fobia es muy particular, lleva alas, plumas, pico y hasta se cree inserta en la sociedad, tal como lo describiría una amiga al pasar.
Siempre esquivándolo, huyendo de él, intentando escapar en pos de reducir la ansiedad. Su presencia no permite que desarrolle mi vida con normalidad, pues su ausencia sólo posibilita mi fácil andar, y por su contrario su presencia mi dificultad.
Desde que esto comenzó extraño caminar sin tener cuidado del lugar por el que voy pisando. Extraño también dar pasos en línea recta, pues cada tanto debo dibujar una circunferencia para poder pasar. Incluso añoro esos momentos en los que era yo quien disfrutaba viendo y tildando de loco a los que se asustaban por nimiedades en la vía pública. Ahora soy yo de quien se mofan...mis gritos de ansiedad por la presencia de ellas hasta me da gracia a mí por la irracionalidad que los envuelve. Pues si, me pasé al otro bando, “los fóbicos”.
Como todo fóbico atesoramos un objeto, preciado y venerado, que nos sirve de bastón al momento de cantar una canción o caminar sin ton ni son por las veredas de nuestro callejón. Si, es él, el popular “objeto contrafóbico”, ese amigo por el que “…cultivo una rosa blanca en junio como en enero; (…) para el amigo sincero que me da su mano franca…”. Ese es el amigo al que va dedicado este post; quién me posibilitó hoy entonar esta canción.
No fue hasta ayer que dos alitas se posaron en mi jardín. Me dispuse a abrir la puerta – ventana y salir a oler el olor a jazmín mientras controlaba que las prendas de vestir colgadas estaban prontas a resecarse con el sol de verano. Fue ahí como las encontré, solas, despeinadas y asustadas…no más que yo, por supuesto, que ante ese estímulo una sensación interna me dijo que entrara y jugara adentro de mi casa, sin salir.
Hasta que llego, si, llego, mi objeto. Como se esperaba vomité el problema y como caballero romano salió a la carga “me importas más tú que un pichón desplumado”. Voló uno, voló otro, naturalmente. Descolgué mi ropa y fui a jugar alegremente. Mi objeto contrafóbico se marchó.
No fue hasta hoy que mamá ganso decidió volver a intentar dar sus clases de vuelo en mi jardín nuevamente. Me pregunto, ¿por qué no se van a depositarles la impronta a otro lado? Se que mi jardín es una linda pista de aterrizaje y, consecuentemente, de despegué. Que está un poco deshabitado, aunque sucio, pero es mío y me pertenece. Todavía no abrí la academia de vuelo ornitológico... ¡a cagar fuego, joder!
Lo cómico de esta historia es que yo “lo sabía”, sabía que iba a suceder esto, pero esperé dispuesta a enfrentar mi miedo, a superarlo con creces. Así, tuve la oportunidad, antes de la premonición de que la avioneta con patas volvería a mi backyard, de sacar la ropa, pero no lo hice, esperé. Fue entonces que segundos antes de que me dispusiera a buscar la ropa comencé a sentir el aleteo torpe de un pichón, tras sucesivos intentos fallidos de lograr su objetivo de volar y volar hacia el río. Así dije: “llegó la hora”. Fui, sigilosa y punzante hasta la parte trasera de mi estación de paso, abrí la ventana y contrariamente a lo que hubiese esperado, mamá ganso alzó su campamento y emprendió vuelo…el pobre pichón se había quedado abandonado.
Una terrible pena invadió mi pecho, al mismo tiempo que un incalculable miedo. Me di palabras alentadoras, de coraje y abrí la puerta. Camine y alitas intentó, fallidamente, volar. Asústele nuevamente y falló otra vez. Según dicen la tercera es la vencida, así que puse un pie en el patio, el otro y voilà! Se fue.
Saqué la ropa, con ansiedad pero con el gusto a sal, a sal de la vida. Me metí para adentro, observé que no volvieran a aparecer. No conforme marqué mi territorio, salí a encender el fuego para poder bañarme y mis amigas con alas no volvieron a aparecer…
Y así termina dulcemente el miedo de no volver a volar otra vez…
05 de diciembre de 2008
¿Por qué Ignacio no vino?
Este es un tópico frecuente de discusión entre un grupo de indecentes que, a falta de datos interesantes sobre su vida, dedican su tiempo a vaticinar posibles respuestas acerca de por qué Ignacio no vino.
Los datos empíricos con los que contamos para sumergirnos en una investigación de tal tipo son: a) Ignacio tienen una cámara, b) escribe el blog de Camara, c) es amigo de Lucía y Horacio, d) canceló la reunión 3 horas antes y, e) tenía una entrevista laboral.
¿Qué pudo haberle pasado a Ignacio? Algunas de las hipótesis, basadas en los anteriores datos son: 1) tenía una entrevista laboral, sí, para un sex-shop, 2) tiene fobia social, 3) se olvidó su cámara y por lo tanto la posibilidad de documentar el encuentro en su blog, 4) no quería ver ni a Lucía ni a Horacio.
Lo cierto es que estas suposiciones que intentan develar el por qué de un comportamiento humano, en este caso el de Ignacio, dio sustento a toda una Ciencia que incansablemente nos hace a todos los que adherimos a ella paranoicos: la Psicología.
Los psicólogos pasamos horas (no las de Hora sino la de los minutos del reloj) argumentando a favor y en contra de una situación, intentando develar los por qué y generando modelos explicativos al comportamiento humano. Esto nos hace seres profundamente detestables por todo ese cúmulo de personitas resistentes a que se suponga sobre ellos cosas que no quieren saber de sí mismos o que no quieren ni creen que otro sea capaces de conocerlas con mayor exactitud que ellos mismos.
En fin, psicólogos o no psicólogos nos hemos dedicado a hipotetizar acerca de la ausencia de Ignacio, sí, Ignacio el chico de la cámara. En la mesa se decía…
P1: che, ¿alguien sabe por qué Ignacio no vino?
Miradas que se encuentran, gargantas que tragan saliva que esconden profundas verdades, manos que se petrifican y grandes descargas adrenérgicas que mutilan las palabras pero vociferan con el cuerpo.
P2: ojos grandes y dubitativos, mirando a todos - ¡ni idea!, dijo que tenía una entrevista de trabajo…
P3: ¿una entrevista de trabajo a esta hora? – irónicamente, escondiendo suposiciones ulteriores de mejor calidad que no tardarán en llegar.
P1: Incrédulo - si, realmente…
P4: con actitud de “sujeto supuesto saber” – está clarísimo que si no vino fue porque se olvidó su cámara.
P3: casi seguro – si no vino fue porque tuvo una entrevista laboral, pero para un sex-shop
Carcajas alrededor de la mesa...
P5: con actitud Sherlock Holmes - coincido contigo mi estimado, no puede haber una entrevista de trabajo. Ahora permítame contradecirle que el motivo tampoco fue la falta de su cámara. Es de público conocimiento (vox populi, si así le agrada más) que Ignacio es un fóbico social de libro. Si chequeamos las características de este trastorno en el DSM – IV, pues aún no está el V, nos daremos cuenta de que estamos ante un caso del eje 3 clasificado como Trastornos de Ansiedad. Por favor estimada – mirando a P6 –, tome su birome y anote lo siguiente…
Todos empezaron a mirar a P5 con una atención inestimable; si un neuropsicólogo hubiese querido estudiar el impacto que posee develar un buen chisme en público sobre los mecanismos atencionales hubiera tenido el Nóbel asegurado. Cada vez más saliva se acumulaba en la garganta de los oyentes, birlar la intimidad de un extraño es de las actividades más apasionantes para la masa informe y primitiva…
P5: pipa encendida y lentes correctamente ubicados - solo para que conste amigos: “la Fobia social es el temor persistente y acusado a situaciones sociales o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas“. Por favor, ¿tienes a punto la lista de chequeo?
P6: si si, listo. Apretando sobre la hoja, rasgos de ansiedad marcada por el enrojecimiento de su rostro y la transpiración en su cuello.
P5: de acuerdo entonces…
Miradas atentas y expectantes a la resolución del caso.
P5: tome nota a medida que voy argumentando, por favor. Ignacio no vino porque: tiene miedo a ser evaluado negativamente en situaciones sociales y actuar de un modo que sea humillante. Además, quienes lo conocen – mirando a Horacio y Lucía, P3 y P2 respectivamente – saben que Ignacio experimenta respuestas de ansiedad cuando se expone a situaciones sociales temidas como no poseer una cámara, lo cual lo lleva a hablar y escribir en público (miedos frecuentes en cualquier Fobia Social, sobre todo si son grupos pequeños), comer en público y, en un momento u otro de la noche, ser el centro de atención. Por último, mis amigos, no quedan dudas de que estamos ante un evidente caso de Fobia social pues Ignacio tiene más de 25 años, con lo cual su edad correlaciona con que el comienzo suele ser antes de los 25 años.
P2 y P3 al unísono: ¡de ninguna manera!
P3: Ignacio C. (C de caleidoscopio) es un sujeto muy hábil socialmente que se adapta perfectamente bien a las situaciones sociales y sólo porta su cámara para respaldar sus hipótesis de vida.
P2: ontológicamente hablando, acá lo único que sabemos es que Ignacio NO VINO. Por favor P5 le voy a pedir que se retracte de lo que acaba de decir, de modo contrario procederé a retirarme inmediatamente de esta habitación.
Los aires del ambiente empezaban a caldearse. P1, P4 y P6 se miraban uno a otro sin saber qué hacer. P6 suelta la birome bruscamente, como evitando hacerse cargo de lo que había escrito. P1 baja la mirada, arrepentida de haber preguntado ¿por qué Ignacio no vino? Y P4 lentamente hurga su mochila y extrae un caballito autista que se balanceaba a modo de justificación infantil de “yo no fui, yo no fui”.
P5 comienza a reir, perverso en su mirar e impaciente; gozoso.
P2 y P3, nuevamente, con aires de defensa al prójimo se miraban y hacían una mueca de enérgica agresión.
P7: con impavidez regresa del baño, se ha perdido todos los comentarios y sólo atina a mirar un mapa que descubre la posible mentira en la que nos hemos visto sumidos durante tantos años los habitantes del minúsculo planeta tierra: Estados Unidos no es tan grande como uno creía; malditos imperialistas, piensa. Pierde enseguida el entusiasmo por el mapa y documenta con su lóbulo temporal que algo está pasando, pues su memoria le indica que la situación le recuerda a aquella vez en que se tildó de anti-comunista a León Trotsky, se paraliza y pregunta: ¿qué pasó?
P5: incólumne y tajante – no terminan de aceptar que Ignacio es fóbico, fóbico social.
P7: otra vez estos psicólogos, al mejor estilo Holmes y su paradigma indiciario intentando develar los misterios humanos. – Se para, enciende un cigarrillo, mira a cada uno de los integrantes de la mesa con rostro de ardilla que averigua por detalles la verdad de la historia – A ver qué parte no pueden entender, psicólogos, Ignacio no vino y ya, no vino. No hay más que argumentar, sólo él sabe por qué no vino y habrá que esperar a dentro de 15 días o a un bendito mail para que argumente a favor o en contra.
P5: fijamente a los ojos de P7 - ¡detractora! Siempre te has caracterizado por hacer la revolución por el mismo hecho de hacerla, jamás te has adaptado a una regla.
P2: serena, luego de beber una Quilmes negra – acuerdo con P7; en 15 días Ignacio, el que tiene el blog de Camara argumentará y sólo allí podremos saber la verdad, la verdad para Ignacio, que no es la verdad de P1, ni la de P3 ni la de P4, es la de Ignacio.
Camarera: chicos, acá tienen la cuenta, pero no se preocupen que la pagó un chico que dejo una foto con un comentario debajo. Es esta – se las muestra –. El horror. Se fue riendo y agradeciendo la magnífica noche que ha pasado junto a ustedes. Los ha observado con su ojo de pez y ha tomado imágenes de las más espeluznantes para su próximo spring break.
Silencio. El horror.
